martes, 27 de agosto de 2013

Wenceslao Fernández Flórez y el caciquismo

Toda persona capaz de influir de forma incontestable sobre los habitantes del mundo rural suponía un elemento deseable para los poderes políticos concentrados en Madrid. De ahí que estos se apresurasen en acrecentar la influencia que su cacique podía ejercer para la causa restauradora.
El cacique arrendaba sus tierras a los agricultores; empleaba a los hijos de los aldeanos en empresas de su propiedad o sobre las cuales ejercía su dominio; o los eximía de la obligación de incorporarse a las filas del ejército español que combatía en Marruecos. Todos estos favores que el cacique prestaba a los lugareños de su distrito no se concedían de forma altruista, sino que eran favores que el beneficiario debería devolver cada vez que el cacique se lo solicitase, casi siempre en forma de votos. Un jornalero que trabajaba en las tierras arrendadas por el cacique de turno aceptaba religiosamente los requerimientos que éste le demandaba.