Si William H. Hays, impulsor del
nefando Código Hays y presidente de la Asociación Cinematográfica de América, regresase
al mundo de los mortales para escuchar el discurso que Tom Hanks pronunció en
1994 tras recibir el Oscar al mejor actor por su interpretación de un abogado
homosexual en Philadelphia (Jonathan Demme, 1993), probablemente pensaría que
Estados Unidos acabó siendo conquistado por los antiguos pobladores de Sodoma y
Gomorra. Sobre el escenario del Teatro Kodak de los Angeles Tom Hanks dedicó el
premio a su mejor amigo del colegio y a su profesor de Teatro, según él, dos de
los mejores gays de Estados Unidos. La anécdota refleja la doble cara que,
durante su historia, mostró siempre Hollywood sobre los temas conflictivos de
la moral humana; dispuesto a concederle a Ellen DeGeneres la conducción de la
ceremonia de los Oscars, mientras margina a su anterior pareja sentimental
(Anne Heche) tras hacer pública su tendencia sexual.
