Como muchas otras palabras en los
últimos tiempos, thriller es un anglicismo que hace alusión a un género
cinematográfico basado, a grandes trazos, en una trama de ritmo vertiginoso
capaz de someter al espectador a un estado de tensión y estrés que se derivan
de un acusado proceso de identificación con el héroe. La traducción literal del
inglés es suspense, aunque esta noción no puede ser establecida como género,
puesto que suspense es un recurso narrativo, ciertamente muy utilizado en este
tipo de películas, que consiste en el planteamiento de una expectativa y la
dilación del desenlace. La evolución de la mirada del público cinematográfico
queda perfectamente retratada en la confrontación de la secuencia primitiva de Asalto y robo de un tren (1903) de Edwing
S. Porter, y cualquier escena de persecución por las calles de Nueva York de
una película actual. El espectador de hoy en día precisa de un montaje cada vez
más frenético para sumergirse en la acción, para abandonar la tutela racional y
dejarse arrastrar emocionalmente por la cadena de imágenes.
El citado
ejemplo del western de Edwing S. Portesr, Asalto
y robo de un tren, puede explicar, en cierto modo, la proliferación de este
género en el cine gestado al otro lado del Atlántico, cuyo lenguaje evolucionó
gracias a los temas del Far-West, las acciones paralelas y los escenarios
naturales, mientras que en Europa la cámara se encierra en los decorados de
estudio para adaptar obras de teatro o argumentos de clásicos literarios (Film
D’art). El diálogo y la reflexión eran europeas, la acción, netamente norteamericana.


