De los insondables vínculos que articulan el
cine y la literatura dan notoria muestra incontables particularidades, pero en lo
que concierne a este artículo, esa particularidad se refleja en el hecho de que
ningún productor cinematográfico haya reclamado la obra de Camilo José Cela
después de recibir el Premio Nobel de Literatura en el año 1989. Así es a pesar
de que la adaptación de La Colmena
realizada por Mario Camus en el año 1983 lograra un gran éxito de público —en
su momento estuvo entre las doce películas españolas más taquilleras de la
historia— y de que hubiese sido galardonada con el Oso de Oro del Festival de
Berlín. También, la aleatoria relación entre ambas artes, aunque aquí entra
también una coordenada histórica, se manifiesta en los más de treinta años que
van desde la publicación de la obra maestra del escritor de Padrón, La familia de Pascual Duarte (1942), y
su transposición fílmica por parte de Ricardo Franco bajo el título de Pascual Duarte (1976).
Cierto que la ópera prima de Cela, expresión
del realismo tremendista que obtuvo una extraordinaria repercusión desde la
misma publicación, estuvo a punto de convertirse en imágenes gracias a Fernando
Fernán-Gómez. El papel protagonista estaba reservado a Francisco Rabal y,
además, los diálogos serían redactados por el escritor que exigió que en los
planos preliminares de la película su nombre debería aparecer en tamaño de
letra no inferior a la del director y actor. Pero fue la censura quien echó por
tierra este proyecto.
Poco después de la versión de Ricardo Franco,
Ramón Fernández rodaba una adaptación de La
insólita y gloriosa hazaña del cipote de Archidona (1979), una historia de
humor y erotismo que pretendía sumarse a la ola del cine español conocida como
destape, y en la que el propio Camilo José Cela se interpretaba a sí mismo. Tres
años después, se rodaba La colmena,
con guión de José Luis Dibildos, la tercera y última adaptación de una obra de
su autoría. En el inicio de este largometraje, el personaje Ricardo Sorbedo, interpretado por Francisco
Rabal, pronuncia un parlamento sobre cuáles deben ser los fundamentos de la
estructura de una novela: presentación, nudo y desenlace, y de faltar alguno,
ya no sería una novela, sino “fraude y modernidad”. Con este arranque de
película se pretendía hacer un guiño a la propia novela inspiradora, puesto que
su estructura carece de estos tres elementos aristotélicos, que además se
enredaba con la multiplicación de personajes. De este modo, Camilo José Cela
sacrifica el relato clásico en pro de un retrato coral de la sociedad española
de la posguerra, próxima a esa paleta impresionista que crea un paisaje a
partir de pinceladas menudas, como los pequeños habitáculos de las abejas que
conforman un todo, la colmena, y que, a su
vez, remite a un universo cerrado propio de la España de la época. Con un estilo
academicista a pesar de esa “modernidad anti-relato” de la novela, Mario Camus
echa mano de la plana mayor del elenco actoral español para recrear ese Madrid
gris de prostitutas, necesidad, picaresca y supervivencia.
El prestigio conseguido por Camilo José Cela
desde los inicios de su carrera literaria puede estar detrás de su inclusión en
los títulos de crédito y en las fichas técnicas cómo colaborador en el guión de
El cerco del diablo (Antonio del Amo,
Enrique Gómez, Nieves Conde, Edgar Neville, Arturo Ruiz Castillo, 1952), Consultaré a Míster Brown (Pío Ballesteros, 1946) y Él sótano
(Jaime de Mayora, 1949), por más que, según los archivos de la Fundación Camilo
José Cela, en la película de Jaime Mayora su colaboración se limitó a algunas
correcciones de estilo, mientras que de la segunda película no se encontraron
indicios de esa participación. Sin
embargo, más conocida y real parece su colaboración en el guión del televisivo El Quijote de Miguel de Cervantes de
Manuel Gutiérrez Aragón.
Existió en los años cuarenta un proyecto
finalmente frustrado en el que Camilo José Cela interpretaría a Don Quijote
bajo la dirección de Jaime de Mayora. De haber acontecido, sería la primera
aparición del escritor gallego delante de las cámaras cinematográficas, algo
que haría posteriormente en más de una ocasión. Además de la comentada aparición
en la película basada en su obra homónima La
insólita y gloriosa hazaña de el cipote de Archidona, con anterioridad,
interpretó a uno de los vecinos de un edificio que se refugiaban de los
bombardeos en una película de Jaime de Mayora del año 1949 titulada El sótano. Fernando Fernán-Gómez también
le ofreció en el año 1953 la oportunidad de una breve intervención en Manicomio, con un personaje, el señor
Kock, que cree ser un asno. Otra aparición fugaz como actor la encontramos en
la comedia de Pío Ballesteros Facultad de
letras, recordada por la canción “Margarita” de Julio Salado Alegre, aunque
la más conocida fue la que protagonizó en La
Colmena, en el papel de Matías Martí, el inventor de palabras que se
relaciona con los poetas del café de doña Rosa, capaz de dejar hipnotizado al
académico interpretado por Luis Escobar con la nueva palabra que acaba de inventar
para el léxico patrio: “bizcotur”.

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