miércoles, 11 de mayo de 2016

Camilo José Cela en el cine: el "bizcotur"

De los insondables vínculos que articulan el cine y la literatura dan notoria muestra incontables particularidades, pero en lo que concierne a este artículo, esa particularidad se refleja en el hecho de que ningún productor cinematográfico haya reclamado la obra de Camilo José Cela después de recibir el Premio Nobel de Literatura en el año 1989. Así es a pesar de que la adaptación de La Colmena realizada por Mario Camus en el año 1983 lograra un gran éxito de público —en su momento estuvo entre las doce películas españolas más taquilleras de la historia— y de que hubiese sido galardonada con el Oso de Oro del Festival de Berlín. También, la aleatoria relación entre ambas artes, aunque aquí entra también una coordenada histórica, se manifiesta en los más de treinta años que van desde la publicación de la obra maestra del escritor de Padrón, La familia de Pascual Duarte (1942), y su transposición fílmica por parte de Ricardo Franco bajo el título de Pascual Duarte (1976).

Cierto que la ópera prima de Cela, expresión del realismo tremendista que obtuvo una extraordinaria repercusión desde la misma publicación, estuvo a punto de convertirse en imágenes gracias a Fernando Fernán-Gómez. El papel protagonista estaba reservado a Francisco Rabal y, además, los diálogos serían redactados por el escritor que exigió que en los planos preliminares de la película su nombre debería aparecer en tamaño de letra no inferior a la del director y actor. Pero fue la censura quien echó por tierra este proyecto.


Poco después de la versión de Ricardo Franco, Ramón Fernández rodaba una adaptación de La insólita y gloriosa hazaña del cipote de Archidona (1979), una historia de humor y erotismo que pretendía sumarse a la ola del cine español conocida como destape, y en la que el propio Camilo José Cela se interpretaba a sí mismo. Tres años después, se rodaba La colmena, con guión de José Luis Dibildos, la tercera y última adaptación de una obra de su autoría. En el inicio de este largometraje, el personaje  Ricardo Sorbedo, interpretado por Francisco Rabal, pronuncia un parlamento sobre cuáles deben ser los fundamentos de la estructura de una novela: presentación, nudo y desenlace, y de faltar alguno, ya no sería una novela, sino “fraude y modernidad”. Con este arranque de película se pretendía hacer un guiño a la propia novela inspiradora, puesto que su estructura carece de estos tres elementos aristotélicos, que además se enredaba con la multiplicación de personajes. De este modo, Camilo José Cela sacrifica el relato clásico en pro de un retrato coral de la sociedad española de la posguerra, próxima a esa paleta impresionista que crea un paisaje a partir de pinceladas menudas, como los pequeños habitáculos de las abejas que conforman un todo, la colmena, y que,  a su vez, remite a un universo cerrado propio de la España de la época. Con un estilo academicista a pesar de esa “modernidad anti-relato” de la novela, Mario Camus echa mano de la plana mayor del elenco actoral español para recrear ese Madrid gris de prostitutas, necesidad, picaresca y supervivencia.
El prestigio conseguido por Camilo José Cela desde los inicios de su carrera literaria puede estar detrás de su inclusión en los títulos de crédito y en las fichas técnicas cómo colaborador en el guión de El cerco del diablo (Antonio del Amo, Enrique Gómez, Nieves Conde, Edgar Neville, Arturo  Ruiz Castillo, 1952), Consultaré a Míster Brown (Pío Ballesteros, 1946) y Él sótano (Jaime de Mayora, 1949), por más que, según los archivos de la Fundación Camilo José Cela, en la película de Jaime Mayora su colaboración se limitó a algunas correcciones de estilo, mientras que de la segunda película no se encontraron indicios  de esa participación. Sin embargo, más conocida y real parece su colaboración en el guión del televisivo El Quijote de Miguel de Cervantes de Manuel Gutiérrez Aragón.

Existió en los años cuarenta un proyecto finalmente frustrado en el que Camilo José Cela interpretaría a Don Quijote bajo la dirección de Jaime de Mayora. De haber acontecido, sería la primera aparición del escritor gallego delante de las cámaras cinematográficas, algo que haría posteriormente en más de una ocasión. Además de la comentada aparición en la película basada en su obra homónima La insólita y gloriosa hazaña de el cipote de Archidona, con anterioridad, interpretó a uno de los vecinos de un edificio que se refugiaban de los bombardeos en una película de Jaime de Mayora del año 1949 titulada El sótano. Fernando Fernán-Gómez también le ofreció en el año 1953 la oportunidad de una breve intervención en Manicomio, con un personaje, el señor Kock, que cree ser un asno. Otra aparición fugaz como actor la encontramos en la comedia de Pío Ballesteros Facultad de letras, recordada por la canción “Margarita” de Julio Salado Alegre, aunque la más conocida fue la que protagonizó en La Colmena, en el papel de Matías Martí, el inventor de palabras que se relaciona con los poetas del café de doña Rosa, capaz de dejar hipnotizado al académico interpretado por Luis Escobar con la nueva palabra que acaba de inventar para el léxico patrio: “bizcotur”.

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