viernes, 12 de febrero de 2016

CINE Y EDUCACIÓN

            Existe una cantidad relativa de películas ambientadas en el aula, aunque no todas profundicen en un análisis sobre la educación, ya que este no suele ser un tema de reclamo para la industria cinematográfica, por mucho que sus protagonistas, maestros y profesores, acometan a diario proezas inasumibles mismo para héroes de ciencia-ficción. No conozco una profesión que conjugue tantos roles como la del profesional de la enseñanza: tutor, investigador, animador, mago, orador, mediador, pacificador, actor, evaluador, ayudante, mentor, etc. Dejo al lector completar un listado inabarcable para la extensión de este artículo.

            Albert Camus, en su obra póstuma El primer hombre homenajeaba a su maestro Germain, quien, en palabras del autor, ofrecía a sus alumnos el más alta reconocimiento: los consideraba dignos de descubrir el mundo. La labor de un docente no consiste tanto en introducir conocimiento en la mente de un alumno igual que se ceba a un ganso, sino en ser capaz de extraer del discente las capacidades necesarias para que pueda aprender por sí mismo. Esta es por ejemplo la enseñanza de películas emotivas como El club de los poetas muertos (1989), filme dirigido por Peter Weir que deja huella en el espectador con un final que mezcla la tristeza con un mensaje esperanzador; o La lengua de las mariposas (José Luis Cuerda, 1999), adaptación de tres relatos de Manuel Rivas de su obra Que me quieres, amor?, en la que un maestro de la República procura transmitir la fuerza de la razón y del corazón a un joven en pleno aprendizaje vital. “Saber” procede del latín “sapere”, término que significa a su vez “saborear”, como escenifica la secuencia en la que el niño muerde una manzana, la fruta prohibida,  mientras pregunta al maestro por la vida más allá de la muerte.


            El cine francés ofrece también una visión reivindicativa de la figura del maestro en películas como El pequeño salvaje (1970) de François Truffaut, basada en hechos reales que narra el proceso de educación de un niño que creció en un bosque aislado del mundo civilizado. Por su parte, Bertrand Tavernier rodó Hoy empieza todo (1999) cuyo título da cuenta de la importancia de construir, desde la raíz, una sociedad justa y mucho más humana. Emotivo resulta también otro documental francés que debería ser de obligado visionado para toda persona dedica la enseñanza: Ser y tener (Nicolas Philbert, 2002). Una cámara muy respetuosa que pasa casi desapercibida para los figurantes filma un curso completo en una escuela unitaria de una lejana aldea francesa. Allí, el maestro López, hijo de emigrantes españoles, exhibe el arte de la asertividad con una delicadeza tan conmovedora que, en el año de su estreno, conquistó los corazones de los franceses convirtiéndose en un de los documentales más vistos de la historia del país galo.

            Contestaria y reflexiva es el documental, con breves añadidos de ficción, La educación prohibida, película argentina del año 2012 que propone un debate sobre el rumbo que debe tomar una educación progresista, una educación que coloque al alumno en el centro del proceso de aprendizaje en la búsqueda de una formación integral del ser humano.

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