Existe una
cantidad relativa de películas ambientadas en el aula, aunque no todas
profundicen en un análisis sobre la educación, ya que este no suele ser un tema
de reclamo para la industria cinematográfica, por mucho que sus protagonistas,
maestros y profesores, acometan a diario proezas inasumibles mismo para héroes
de ciencia-ficción. No conozco una profesión que conjugue tantos roles como la
del profesional de la enseñanza: tutor, investigador, animador, mago, orador,
mediador, pacificador, actor, evaluador, ayudante, mentor, etc. Dejo al lector
completar un listado inabarcable para la extensión de este artículo.
Albert
Camus, en su obra póstuma El primer
hombre homenajeaba a su maestro Germain, quien, en palabras del autor,
ofrecía a sus alumnos el más alta reconocimiento: los consideraba dignos de
descubrir el mundo. La labor de un docente no consiste tanto en introducir
conocimiento en la mente de un alumno igual que se ceba a un ganso, sino en ser
capaz de extraer del discente las capacidades necesarias para que pueda
aprender por sí mismo. Esta es por ejemplo la enseñanza de películas emotivas
como El club de los poetas muertos (1989),
filme dirigido por Peter Weir que deja huella en el espectador con un final que
mezcla la tristeza con un mensaje esperanzador; o La lengua de las mariposas (José Luis Cuerda, 1999), adaptación de
tres relatos de Manuel Rivas de su obra Que
me quieres, amor?, en la que un maestro de la República procura transmitir
la fuerza de la razón y del corazón a un joven en pleno aprendizaje vital. “Saber”
procede del latín “sapere”, término que significa a su vez “saborear”, como
escenifica la secuencia en la que el niño muerde una manzana, la fruta
prohibida, mientras pregunta al maestro
por la vida más allá de la muerte.
El cine
francés ofrece también una visión reivindicativa de la figura del maestro en
películas como El pequeño salvaje
(1970) de François Truffaut, basada en hechos reales que narra el proceso de
educación de un niño que creció en un bosque aislado del mundo civilizado. Por
su parte, Bertrand Tavernier rodó Hoy
empieza todo (1999) cuyo título da cuenta de la importancia de construir,
desde la raíz, una sociedad justa y mucho más humana. Emotivo resulta también
otro documental francés que debería ser de obligado visionado para toda persona
dedica la enseñanza: Ser y tener (Nicolas
Philbert, 2002). Una cámara muy respetuosa que pasa casi desapercibida para los
figurantes filma un curso completo en una escuela unitaria de una lejana aldea
francesa. Allí, el maestro López, hijo de emigrantes españoles, exhibe el arte
de la asertividad con una delicadeza tan conmovedora que, en el año de su
estreno, conquistó los corazones de los franceses convirtiéndose en un de los
documentales más vistos de la historia del país galo.
Contestaria
y reflexiva es el documental, con breves añadidos de ficción, La educación prohibida, película
argentina del año 2012 que propone un debate sobre el rumbo que debe tomar una
educación progresista, una educación que coloque al alumno en el centro del
proceso de aprendizaje en la búsqueda de una formación integral del ser humano.

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