lunes, 11 de febrero de 2013

El placer de leer. Nada se opone a la noche


El gran valor de la novela de Delphine du Vigan reside en su planteamiento metaliterario, que pone en evidencia el proceso creativo de esta obra. Tras el suicidio de su madre, la autora aborda un ingente trabajo de documentación de la vida de su progenitora a partir de testimonios, entrevistas, cartas, diarios y vídeos, con el fin de esclarecer los claroscuros biográficos que precipitaron ese trágico desenlace y, a la vez, de analizar qué tipo de vínculo unía a ambas protagonistas de la historia. Aunque la novela se divide en tres capítulos, creo que existe una división formal en dos partes motivada por la distancia que la narradora muestra respecto de la trama. En una primera parte, en la cual se narran los acontecimientos anteriores a su nacimiento, aquellos que conoce por mediación de terceros, la autora hace uso de un estilo clásico forzado por la distancia y la objetividad con las que se acerca el hecho. En cambio, la segunda parte, aquella en la que ella misma es parte activa de los acontecimientos, se pierde la objetividad, con lo cual se va inclinando hacia una escritura mucho más visceral, exenta de un filtro reflexivo. Esta conclusión fue corroborada durante la tertulia literaria del club Gamboa, cuando mayoritariamente todas las participantes reconocieron que les había gustado mucho más la primera parte.
Otra de las cuestiones que salieron a relucir durante la tertulia fue la legitimidad de la autora para poner en conocimiento público todos los detalles íntimos, muchos de ellos escabrosos, de su familia. Se trata de una pregunta legítima, más si tenemos en cuenta que la propia autora se la formula a sí misma en más de una ocasión. A pesar de las intimidades que desvela y de las acusaciones que deja entrever, la autora trata a todos los personajes con cierto respeto, sin entrar de lleno en la censura o el elogio, consciente de que ella es juez y parte, y deja que sea el lector el que extraiga sus propias conclusiones.
Nada de opone a la noche es una historia dura sobre la falta de amor. Lucile, la madre y protagonista, fue un ser desdichado prácticamente desde su niñez, a quien le faltó el calor humano que pudiera darle cobijo y que la ayudara a sobreponerse de sus palos o caídas. Por ello, la novela expele un amargo sentido de expiación de la autora, que se siente culpable por el final que ha consumado su madre.

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