Al alcance de
todos los interesados se encuentra la ingente literatura que se aproxima a las
biografías de los grandes personajes de la historia (reyes, emperadores,
mandatorios, dictadores, líderes políticos, etc.) para constatar que dichos
retratos biográficos contienen en sí mismos el relato de una porción relevante
de la Historia. Probablemente, la más valiosa cualidad del estudio sobre
Fernando Fernán-Gómez firmado por José Luis Castro de Paz reside en la
narración paralela de la obra y vida del cineasta y la historia del cine
español.
Sirva esta afirmación para dar constancia del crucial papel que el
ínclito Fernán-Gómez ha desempeñado en su faceta como cineasta, con la
consecuente impronta que ha dejado en la configuración de una estética en la
cinematografía nacional. No obstante, el armónico correlato de obra fílmica e
historia del cine que presenta este estudio debe buena parte de su virtud no
sólo a la incuestionable personalidad del cineasta, sino también a la atinada
exposición de su autor, resultado del vasto conocimiento que éste posee del
cine español de la posguerra, gracias al cual logra una rica y variada
contextualización de todos los fragmentos sometidos al análisis, para deleite
de los investigadores del ramo que tengan a bien acercarse a este estudio. Como
queda sobradamente probado en este libro, para Castro de Paz no existe obra
fílmica de relevancia que se erija como un oasis en mitad del desierto, sino
que todo producto estético es fruto de una coyuntura histórica en la que
conviven, bien en armonía bien en abierta contradicción, una pluralidad de
tendencias que, en mayor o menor medida, acaban moldeando el resultado
final. De este modo, la filmografía de
Fernando Fernán-Gómez se adscribe dentro de unos parámetros culturales que nos
permite realizar un recorrido por las diversas manifestaciones estéticas que
conforman el “humus” a partir del cual cobra vida cierto modo de representación
dentro del cinema hispano. Un “humus” que se hace visible e inteligible
mediante los magníficos análisis de las películas de Fernán-Gómez que nos
ofrece este libro.
Según una cita
recogida en la obra, John Hopewell calificaba a Fernán-Gómez como el artista
más vigorosamente nacional de España; afirmación que Castro de Paz certifica
con la aseveración de que en el cine “dirigido por Fernán-Gómez se funden de
manera única y peculiar todos y cada uno de los elementos que singularizan
históricamente nuestro cinema”. En la conformación de esas estilizaciones que
singularizan el cinema hispano, el autor presenta la figura de Wenceslao
Fernández Flórez como pieza fundamental. La influencia del escritor coruñés es
ampliamente tratada en el tercer capítulo, no sólo por su prolijo suministro de
argumentos que aproximan al lector “a las dificultades vitales, materiales y
deseantes de las clases trabajadores españolas” y “las lacras y los atrasos
seculares de nuestro país”, que con maestría describió el autor gallego, sino,
sobre todo, por la forma de su escritura que combina ciertas técnicas de raíz
valleinclanesca con elementos de humor absurdo provenientes de las vanguardias
de principios de siglo. La admiración que el cineasta profesaba por Fernández
Flórez —no en vano en el año 1955 dirigiría una adaptación del relato El malvado Carabel dos décadas después
de la primera versión de Edgar Neville— llegó al extremo de definir al autor
gallego como un predecesor del neorrealismo por el “olor a cocido” que
desprendían sus novelas.
La
consolidación y evolución de la propuesta cinematográfica concebida por
Fernando Fernán-Gómez es presentada siempre mediante el apoyo analítico de las
películas. El libro no ofrece afirmación alguna sin que ésta venga acompañada de
referencias visuales que, además de documentar la tesis planteada por el
historiador, permite al lector reconocer, de primera mano, cuáles son esas
manifestaciones artísticas de honda raigambre nacional que, desde distintos
ámbitos (literario, pictórico, teatral, periodístico, etc.), han alumbrado, en
fusión con las técnicas propiamente cinematográficas, un tipo de cine que,
desde fechas relativamente recientes, ha empezado a despertar el interés de una
parte de la historiografía fílmica. De hecho, este trabajo se enmarca dentro de
una corriente investigadora que, desde la fundamental “Antología Crítica del
Cine Español (1906-1995)”, editada por Julio Pérez Perucha, ha venido
reivindicando una mirada sosegada que se asomase al cine español de posguerra
libre de los prejuicios que, durante décadas, lo han condenado al ostracismo.
A medida que
los análisis fílmicos van desnudando el armazón que recubre la obra
cinematográfica de Fernán-Gómez, surgen una serie de conceptos que profundizan
en sus peculiaridades como cineasta. Tal es el caso, por poner un ejemplo, del
proceso de distanciamiento que se produce por medio de la dialéctica
actor-realizador que, en el caso de “La vida por delante”, adquiere una función
prominente gracias al protagonista que, desde el inicio del filme, se dirige al
espectador y que, además, se trata de un conocido actor y el director de la
película que estamos viendo. No es más que una traslación a la gran pantalla de
lo que Roberto Pérez acertó a llamar “la presencia interpelante del
narrador-autor”, en referencia a las técnicas utilizadas por Jardiel Poncela.
Como el propio
Castro de Paz asevera en el cierre de su libro, lo mas subrayable de la obra de
Fernando Fernán-Gómez como cineasta son las tradiciones culturales en las que
su obra se inscribe y la rugosidad derivada de la simbiosis
“malformación-experimentación-clasicismo” que sigue, en cierta forma, la estela
del proceso de crispación y esperpentización de la mirada que parte de la
filmografía de Edgar Neville en la Segunda República y en los años cuarenta.

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