miércoles, 8 de agosto de 2012

Reseña. FERNANDO FERNÁN-GÓMEZ. José Luis Castro de Paz. Cátedra. Signo e Imagen /Cineastas. Madrid. 2010.


Al alcance de todos los interesados se encuentra la ingente literatura que se aproxima a las biografías de los grandes personajes de la historia (reyes, emperadores, mandatorios, dictadores, líderes políticos, etc.) para constatar que dichos retratos biográficos contienen en sí mismos el relato de una porción relevante de la Historia. Probablemente, la más valiosa cualidad del estudio sobre Fernando Fernán-Gómez firmado por José Luis Castro de Paz reside en la narración paralela de la obra y vida del cineasta y la historia del cine español.
Sirva esta afirmación para dar constancia del crucial papel que el ínclito Fernán-Gómez ha desempeñado en su faceta como cineasta, con la consecuente impronta que ha dejado en la configuración de una estética en la cinematografía nacional. No obstante, el armónico correlato de obra fílmica e historia del cine que presenta este estudio debe buena parte de su virtud no sólo a la incuestionable personalidad del cineasta, sino también a la atinada exposición de su autor, resultado del vasto conocimiento que éste posee del cine español de la posguerra, gracias al cual logra una rica y variada contextualización de todos los fragmentos sometidos al análisis, para deleite de los investigadores del ramo que tengan a bien acercarse a este estudio. Como queda sobradamente probado en este libro, para Castro de Paz no existe obra fílmica de relevancia que se erija como un oasis en mitad del desierto, sino que todo producto estético es fruto de una coyuntura histórica en la que conviven, bien en armonía bien en abierta contradicción, una pluralidad de tendencias que, en mayor o menor medida, acaban moldeando el resultado final.  De este modo, la filmografía de Fernando Fernán-Gómez se adscribe dentro de unos parámetros culturales que nos permite realizar un recorrido por las diversas manifestaciones estéticas que conforman el “humus” a partir del cual cobra vida cierto modo de representación dentro del cinema hispano. Un “humus” que se hace visible e inteligible mediante los magníficos análisis de las películas de Fernán-Gómez que nos ofrece  este libro.
Según una cita recogida en la obra, John Hopewell calificaba a Fernán-Gómez como el artista más vigorosamente nacional de España; afirmación que Castro de Paz certifica con la aseveración de que en el cine “dirigido por Fernán-Gómez se funden de manera única y peculiar todos y cada uno de los elementos que singularizan históricamente nuestro cinema”. En la conformación de esas estilizaciones que singularizan el cinema hispano, el autor presenta la figura de Wenceslao Fernández Flórez como pieza fundamental. La influencia del escritor coruñés es ampliamente tratada en el tercer capítulo, no sólo por su prolijo suministro de argumentos que aproximan al lector “a las dificultades vitales, materiales y deseantes de las clases trabajadores españolas” y “las lacras y los atrasos seculares de nuestro país”, que con maestría describió el autor gallego, sino, sobre todo, por la forma de su escritura que combina ciertas técnicas de raíz valleinclanesca con elementos de humor absurdo provenientes de las vanguardias de principios de siglo. La admiración que el cineasta profesaba por Fernández Flórez —no en vano en el año 1955 dirigiría una adaptación del relato El malvado Carabel dos décadas después de la primera versión de Edgar Neville— llegó al extremo de definir al autor gallego como un predecesor del neorrealismo por el “olor a cocido” que desprendían sus novelas.

La consolidación y evolución de la propuesta cinematográfica concebida por Fernando Fernán-Gómez es presentada siempre mediante el apoyo analítico de las películas. El libro no ofrece afirmación alguna sin que ésta venga acompañada de referencias visuales que, además de documentar la tesis planteada por el historiador, permite al lector reconocer, de primera mano, cuáles son esas manifestaciones artísticas de honda raigambre nacional que, desde distintos ámbitos (literario, pictórico, teatral, periodístico, etc.), han alumbrado, en fusión con las técnicas propiamente cinematográficas, un tipo de cine que, desde fechas relativamente recientes, ha empezado a despertar el interés de una parte de la historiografía fílmica. De hecho, este trabajo se enmarca dentro de una corriente investigadora que, desde la fundamental “Antología Crítica del Cine Español (1906-1995)”, editada por Julio Pérez Perucha, ha venido reivindicando una mirada sosegada que se asomase al cine español de posguerra libre de los prejuicios que, durante décadas, lo han condenado al ostracismo.
A medida que los análisis fílmicos van desnudando el armazón que recubre la obra cinematográfica de Fernán-Gómez, surgen una serie de conceptos que profundizan en sus peculiaridades como cineasta. Tal es el caso, por poner un ejemplo, del proceso de distanciamiento que se produce por medio de la dialéctica actor-realizador que, en el caso de “La vida por delante”, adquiere una función prominente gracias al protagonista que, desde el inicio del filme, se dirige al espectador y que, además, se trata de un conocido actor y el director de la película que estamos viendo. No es más que una traslación a la gran pantalla de lo que Roberto Pérez acertó a llamar “la presencia interpelante del narrador-autor”, en referencia a las técnicas utilizadas por Jardiel Poncela.
Como el propio Castro de Paz asevera en el cierre de su libro, lo mas subrayable de la obra de Fernando Fernán-Gómez como cineasta son las tradiciones culturales en las que su obra se inscribe y la rugosidad derivada de la simbiosis “malformación-experimentación-clasicismo” que sigue, en cierta forma, la estela del proceso de crispación y esperpentización de la mirada que parte de la filmografía de Edgar Neville en la Segunda República y en los años cuarenta.

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