Si
tuviésemos que definir el contenido de este breve pero penetrante libro de José
Luis Castro de Paz con una sola palabra, lo más acertado sería recurrir al
título que encabeza el prólogo con el que Santos Zunzunegui nos presenta esta
publicación: la cicatriz. Bajo el título Cine y Exilio. Forma(s) de
la Ausencia, Castro de Paz obsequia al lector un magnífico estudio sobre la
profunda herida que la guerra civil ha dejado en la conciencia colectiva de
nuestro país, y que ha quedado plasmada en la tradición cinematográfica
española. El exilio sea, quizá, la herida más dolorosa y perenne de todas las
ocasionadas por ese acto de barbarie que tuvo lugar en el año de desgracia de
1936, y que, además, acarreó una posguerra no menos sanguinaria. Es
precisamente este drama, el exilio, el hilo conductor que el autor utiliza para
hilvanar las páginas de su libro y que, como amante apasionado de las imágenes,
retrata de un modo muy visual en la
introducción: “…la más dolorosa procesión, incesante y herida, de gentes
humilladas y mutiladas, apenas sin rasgos y sin nombre, exiliándose por las
zonas fronterizas, abandonando para siempre su país y dejando a su paso tan profundas
cicatrices en la dolorida tierra española que las cámaras – incluso de las de
los más aparentemente franquistas – no podrán dejar de notar, aun sin
quererlo, su ominosa presencia”. Indudablemente, como nos advierte el propio
autor, esta imagen del exilio ha sido inmortalizada de forma magistral por
André Malraux en Sierra de Teruel (1939).
Ahora bien, el aspecto más novedoso e interesante del libro
resida en la distinción que el autor realiza entre dos tipos de exilio, el
exilio exterior y el exilio interior. El primer tipo es el que todos tenemos en
mente, el que han sufrido miles de españoles tras el último parte de guerra
fechado en Burgos el 1 de abril de 1939. Mientras, el segundo tipo de exilio,
el interior, es aquel que reside en la conciencia, y que somete a los
individuos a un estado de perpetua nostalgia, de permanente melancolía por el
tiempo perdido. Como ejemplos fílmicos de estos dos tipos de exilio, el autor
ha seleccionado dos películas memorables: En el balcón vacío y El
espíritu de la colmena.
La primera de ellas, quizá, sea más desconocida para el
espectador medio, por ello el libro de Castro de Paz se convierte en una acto
vindicativo de esta obra cinematográfica. Una vez leído el primer capítulo del
libro, en el que se analiza dicho filme, resulta inevitable buscar, rastrear,
sondear las colecciones públicas y privadas con el objetivo de encontrar En
el balcón vacío y poder visionarlo. Es tanta la pasión que el autor
despliega en el análisis de la película que todos los lectores sentirán una
obligación casi mística de verla, tanto en el caso de que nunca la hayan visto,
como en el supuesto contrario.
En el balcón vacío es una película de Jomí García
Ascot del año 1962 que el propio Castro de Paz califica como “auténtica obra
maestra del cine español en el exilio”. Se trata de un filme realizado en
México a partir de los apuntes autobiográficos de María Luisa Elío, esposa del
director e hija de un juez municipal de Pamplona arrestado al inicio del
pronunciamiento de 1936. La adaptación de dichas notas autobiográficas corrió a
cargo de García Ascot, María Luisa Elío y García Riera, todos ellos hijos de
exiliados. Además, la mayoría de los actores son amateurs, no profesionales,
que intervienen de forma gratuita y cuentan con el añadido de que ellos también
son hijos de exiliados. Con un presupuesto irrisorio, García Ascot logra poner
en pie un fresco en movimiento que la mirada analítica de Castro de Paz
atraviesa para poner de relieve el esqueleto de una gran metáfora de la nostalgia.
Mediante un análisis pormenorizado de todas las vertientes
que una imagen cinematográfica ofrece al ojo humano, el autor, como si de un
proceso psicoanalítico se tratase, va sacando a la superficie todos los
fantasmas ocultos en la conciencia de los exiliados. En apoyo a sus
interpretaciones, Castro de Paz, colma las páginas de su libro de citas y
comentarios de otros autores que enriquecen el análisis, y es que otro de los
grandes valores de esta obra es la calidad de sus notas, que permiten al lector
interesado una eficaz comprensión del texto, y la posibilidad de continuar
ahondando en el tema tratado mediante la consulta de otras fuentes, tanto
escritas como visuales.
La segunda película analizada en el libro es El espíritu
de la colmena, la enigmática obra dirigida por Víctor Erice en 1973, y que
Castro de Paz seleccionó como ejemplo paradigmático de cine del exilio
interior. Antes de adentrarse en el análisis del filme de Erice, el autor nos
desvela una serie de títulos de la cinematografía española en los que la
metaforización de las heridas de la Guerra Civil crea un vínculo común entre
ellos: La sirena negra (Calos Serrano de Osma, 1947), Vida en sombras
(Lorenzo Llobet-Gràcia, 1948), Un hombre va por el camino (Manuel
Mur Oti, 1949) y Marcelino pan y vino (Ladislao Vajda, 1955). Pero,
según palabras del autor, el filme que establece los lazos más estrechos con El
espíritu de la colmena es, como no, En el balcón vacío.

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