En ocasiones,
uno llega a una conclusión hermenéutica gracias al cruce aleatorio de expresiones
artísticas. Hace un tiempo, dentro del taller literario “El placer de leer”,
seleccionamos como lectura mensual Némesis
de Philip Roth (Literatura Mondadori, 2011), una novela distinguida entre las cinco mejores obras de
ficción del pasado año por Babelia.
En ella se describe las dramáticas consecuencias de una epidemia de polio que
azotó New Jersey en el año 1944, a través de la historia personal de su
protagonista Bucky Cantor, que se martiriza a sí mismo a través de un
desproporcionado sentimiento de culpabilidad.
Además de las
cualidades intrínsecas que contiene la novela, tanto en el plano literario como
en el argumentativo, por lo que a mí respecta su lectura quedará siempre ligada
a un hallazgo que me dispongo a compartir con ustedes. En busca del significado
mitológico que encierra el título de la novela, he echado mano de la obra de
Robert Graves Los mitos griegos (RBA
Coleccionables, 2005) donde describe a Némesis como una diosa que hace acto de
presencia para humillar a los hombres que se jactan de su abundante riqueza sin
ofrendar nada a los dioses o mitigar la pobreza de sus congéneres. Representa
la venganza divina contra los humanos presuntuosos, aquellos que fueron
beneficiados por una distribución aleatoria de las riquezas efectuada por
Tique, hija de Zeus a quien éste dio el poder de decidir la fortuna de tal o
cual mortal. Sobre algunos de ellos derrama montones de dones desde su cuerno
de la abundancia, mientras que a otros les priva de todo lo que poseen. Tique
es absolutamente irresponsable en sus concesiones, y corretea por ahí haciendo
malabares con una pelota que simboliza la incertidumbre del azar: a veces
arriba, a veces abajo.

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